Esta es la única fotografía que quedó de Maria Leonia Campos da Fonseca — y, curiosamente, también la primera que se hizo. Con el avance del Alzheimer, fue ella misma quien rompió las fotos impresas de los álbumes familiares, borrando, poco a poco, su propia historia. Lo que sobrevivió fue este fragmento. Y es a partir de él que todo comienza.

Antes de eso, hubo toda una vida. En Flores, en el interior de Pernambuco, entre silencios, dolores y nuevos comienzos, fue en la máquina de coser donde encontró una forma de seguir adelante. Coser era más que un oficio — era reconstrucción. Y fue allí, a su lado, que yo, Marlu Fonseca, aún niño y nieto curioso, comencé a aprender. Entre hilos, telas y pequeños gestos, la costura también se convirtió en nuestra forma de vínculo, de presencia y de cuidado.

A los 18 años, sin muchas perspectivas en una ciudad de poco más de 20 mil habitantes, me fui a São Paulo. Empecé en la 25 de Março, donde todo era movimiento, urgencia y adaptación. En 2020, con la intención de poder regresar a mi ciudad natal, decidí iniciar mis primeras creaciones — no solo como un ejercicio creativo, sino como una forma de continuar y de rescatar los recuerdos de mi abuela, que poco a poco ya se alejaba de sí misma. Fue en ese momento cuando nacieron las primeras camisetas, estampadas con su rostro — el mismo de esta fotografía.

Tras una pausa entre estudios, investigaciones y desarrollo, Leoniê regresa a finales de 2024. Coincidencia o no, el mismo día en que Maria Leonia Campos da Fonseca descansó.

 

Entre encuentros y desencuentros, ausencias y permanencias, lo que queda es aquello que perdura. Leoniê sigue existiendo como un archivo vivo — un gesto continuo de memoria. No solo de Maria Leonia, sino de todas las Leonias: mujeres que resisten, que reconstruyen, que encuentran, a su manera, formas de permanecer.